A través de hermosas y acertadas alegorías de la naturaleza, Bertrand nos sumerge en reflexiones sobre el ruido que nos rodea y la importancia del silencio como elemento de creación; sobre cómo las palabras han ido perdiendo su sentido y, con ello, su peso en la realidad. Aboga por el desarrollo del potencial crítico de niñas y niños para hacerse preguntas y tener opiniones propias. Elemento fundamental si tomamos en cuenta que, tradicionalmente, hemos invisibilizado sus ideas y sentimientos sobre lo que acontece en el mundo que los rodea, para, en cambio, envolverlos de ruidos que les impiden pensar, de allí que la autora destaque la necesidad de quietud para conectar con lo profundo de cada uno y con la experiencia poética y literaria que propicia la observación y el pensamiento crítico, además de reflexionar sobre posibles nuevas formas de hacer, acciones que deberían ser parte del presente y del futuro de la cultura occidental.
Se trata de un ensayo sobre la palabra, la naturaleza, las conexiones de todo lo vivo en el mundo y la necesidad de enseñar a los niños y a las niñas sobre la elaboración de sus propias preguntas y respuestas.

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En un principio no fue la palabra

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"Suena a la Edad Media, pero es nuestro estado actual. Un tiempo en el que es necesario detenerse para reflexionar, sobre todo, hacer silencio y preguntarnos, por ejemplo, qué es emoción y qué es lenguaje, qué es ruido ambiente y sonido propio. "

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